lunes, 25 de noviembre de 2013

Capitulo 1-

‘‘--no llores, me harás llorar a mí. ’’





         Faltaban 2 días para irme a Atlanta, mis amigas estaban ayudándome a recoger mi armario, porque después de todo tengo mucho que llevar, tarareando el ritmo de las canciones de un cantante llamado Justin Bieber, sinceramente mis amigas son muy fans de Justin al igual que yo, sin embargo, como dije nunca tendré la posibilidad de poder verlo aunque vivamos en la misma ciudad, Atlanta es muy grande para conseguirse famosos así de fácil. Mis amigas y yo cantábamos Where Are You Now, lo sé un poco vieja pero me identifica mucho, al igual que Down To Earth.

-Camille, ¿llevaras esto? –Dijo Fabiola con una franela morada con la palabra Kidrauhl.
-No, te la puedes quedar si la quieres. –Dije mirando tal franela de reojo

         Terminando de llenar una de las maletas, cuando mis amigas se tuvieron que ir, yo subí rápidamente a mi habitación, me senté en mi cama junto a mi laptop y, mis audífonos, los coloqué en cada uno en mi oído, entré a Twitter para saber de Justin como siempre lo hacía cada tarde, cuando leí que Justin también llegaría a Atlanta el mismo día que yo, aunque a mí nunca se me va a olvidar cuando conocí a Alfredo


         Yo iba caminado por las calles de Los Ángeles junto a mi hermano Christian, pasando por el frente de un hotel recuerdo que llegaron unas camionetas negras con los vidrios polarizados, Alfredo baja de tal auto, yo me detuve a mirar, sin darme cuenta que estaba en todo el medio del pasillo donde conducía a la entrada del hotel, el me abrazó fuerte y me preguntó como estaba, yo sólo sonreía hasta que él se tuvo que ir y me dejo un pedazo de papel junto a su número.


         Mire mi reloj, ya había oscurecido, bajé a tomar mi cena. Anabel, la señora que trabajaba en mi casa había preparado pizza, ella me ha cuidado desde que soy una niña, ella es como una madre para mí, y ahora que me iré a ella le ha costado aceptarlo, al igual que a mí, no me quiero ir, aquí tengo todo lo que he construido toda mi vida, mis amigas, mis recuerdos desde pequeña, aparte empezaría la secundaria, me encanta el establo que hay en mi casa con varios caballos el cual poco a poco desde pequeña aprendí a cabalgar, mi favorito era el blanco, porque me daba paz al montarlo, subí a mi habitación y me propuse a ponerme a observar las estrellas desde la ventana de mi habitación, no sabía cuándo las volvería a observar desde este lugar, tal vez nunca. Después de contemplar las hermosas estrellas me dirigí a dormir.











         Al día siguiente me levante, mi mente me invadía con el tema del viaje, mañana dejaría todo esto que ha crecido conmigo, así que bajé a desayunar, noté que Anabel lloraba cada vez que me miraba, yo me levanté de mi asiento y me acerque a ella



-¿Qué le pasa? -Dije yo inocentemente abrazándola
-Ay mi niña, mañana te vas, te extrañaré mucho, ahora a ¿quién más le haré su comida favorita? -Dijo Anabel mientras que su cara se tornaba húmeda por sus lágrimas
-No Anabel no llores, me harás llorar a mí, también te extrañaré mucho, nunca olvidaré todos los momentos que compartimos juntas -Dije secándole sus mejillas con mis manos
-Ni yo mi niña, cuídate mucho cuando estés allá -Dijo Anabel mientras me abrazaba fuertemente

Al terminar me dispuse a cambiarme para ir a cabalgar un rato, me coloqué un short y una camisa a cuadros blanca y celeste junto a mis vans y baje a paso apresurado hacia el establo, agarre mi caballo blanco y me subí en él, hasta salir del establo y comenzar a recorrer toda la hacienda, sentía como todos los árboles y siembras se movían de un lado al otro al momento de pasar, era un sensación grandiosa, sentir el aire pasando por tu rostro, tu cabello suelto moviéndose al ritmo del viento, sentir cada paso que da el caballo, hasta que se vio el atardecer, me alejé mucho casa, supuse que ya papá estaría allá así que decidí regresar a cenar para dormirme pasaron unos minutos hasta que llegue al establo, así que guarde en su lugar al caballo, y corrí hacia la entrada de mi casa, como de costumbre Anabel ya tenía la cena hecha pero esta vez mi papá estaba sentado en la mesa, por un momento creí que algo serio pasaba, por el hecho que mi papa nunca come en la mesa, me acerque poco a poco

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